¿Cómo deben ser los profesionales del siglo XXI?

Las empresas se enfrentan a un entorno globalizado y cambiante a la velocidad a la que se actualiza la tecnología. Ante la hipervelocidad que rodea al mundo empresarial este ha de renovarse y adaptarse o morir. Ese es el desafío al que se enfrentan los directivos cuando en sus puestos de trabajo conviven tres generaciones con formas muy distintas de trabajar.

Para Esther Álvarez, directora de Estudios y de Calidad en IDE-CESEM, vivimos en un momento en el que las empresas conviven personas pertenecientes a la generación del babyboom, la generación X y la generación Y, los conocidos millennials. Tres generaciones con formas diferentes de entender el trabajo, las tecnologías y las relaciones humanas. “Esto fundamenta la situación de caorden en la que vivimos”, explica Álvarez. Se trata de una situación en la que se combinan de forma armoniosa elementos del caos y del orden en el que las empresas han de esforzarse para que estas tres generaciones puedan trabajar juntas de forma satisfactoria.

Esta diversidad generacional puede generar mucha innovación en el seno de la empresa siempre y cuando los superiores sepan encauzar a estos grupos de trabajo. En el caso contrario las formas tan diferentes que tienen estas tres generaciones de entender el mundo laboral “genera problemas”, insiste Álvarez.

En este sentido es responsabilidad de los jefes de conocer el tipo de empleados con los que cuenta y enfocarse en cómo conseguir en este entorno el máximo beneficio. “Nos hemos instalado en la globalización y este entorno no va a cambiar ”, afirma la directora de Estudios y de Calidad.

“Nos hemos instalado en la globalización y este entorno no va a cambiar ”.

En cuanto a los directivos que se necesitan en el siglo XXI Esther Álvarez diferencia dos tipos de jefes, los pull  y los push, los que tiran y los que empujan en español. Los push hacen referencia a la imagen clásica del directivo autoritario. “Este tipo de jefes genera miedo y ante un problema siempre busca culpables”, aclara. En el lado opuesto se encuentra el jefe pull, una nueva forma de entender que la autoridad es un medio para alcanzar un objetivo en común. Para Álvarez los jefes push han de ir dando paso a los pull que están mejor adaptados a la nueva situación empresarial. “El líder ha de ser un generador de vínculos y redes, necesita de otros para poder realizar el servicio”, argumenta Álvarez en favor de esta nueva manera de entender el liderazgo.

En cuanto a las actitudes que han de tener el resto del equipo para Esther destacan el dinamismo de cambio que les permite adaptarse a un mundo cambiante. Es necesario contar con un pensamiento global ya que “formamos parte de un todo y debemos pensar como tal”, explica.

Si algo necesitan los empleados del siglo XXI es tener la capacidad de estar en continuo aprendizaje de forma rápida. Esto se relaciona precisamente con la evolución constante de las tecnologías “no hace mucho tiempo los documentos se enviaban a través del fax y sin embargo ahora lo hacemos a través del mail o de servidores”, recuerda Esther.

La comunicación, la confianza y el compromiso son algunas de las cualidades que han de llevarse en práctica en las empresas y de todas ellas habló en la conferencia que ofreció en el Speaker Corner del Salón Internacional de Postgrado y Formación Continua en la pasada edición.

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