Aprendizaje significativo como meta educativa

Todos en algún momento hemos utilizado esta muletilla “aprendizaje significativo” para referirnos a un aprendizaje con sentido, interiorizado, asimilado y que permite la puesta en práctica del mismo en diferentes contextos.

Por: Clara Cordero, del blog Ágora Abierta.

El ​aprendizaje significativo ​se contextualiza desde la necesidad de cumplir unos objetivos de aprendizaje que vienen establecido en la ​Taxonomía de Bloom​.
Contemplada desde tres dimensiones complementarias propone a nivel cognitivo un ascenso desde los niveles inferiores de entendimiento hasta los superiores, de manera que los inputs iniciales van incrementando su complejidad y logrando el desarrollo del talento y desempeño de los alumnos.
En primer lugar, esta primera ​dimensión cognitiva ​nos lleva a procesa la información que percibimos desde un estado inicial de comprensión hasta un estado de complejidad donde el alumno es capaz de evaluar esa información. Ese proceso supone el desarrollo de habilidades cognitivas de orden inferior, conocer y comprender hasta alcanzar otras de orden superior como aplicar, analizar, crear y evaluar la información.

Este recorrido mental se propone actualmente en las aulas con el empleo de​ metodologías y modelos activos​, como el ABP (Aprendizaje basado en proyectos) o el Flipped Classroom, que favorecen el pensamiento, el aprender haciendo y el desarrollo de habilidades como la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico.
En segundo lugar, la ​dimensión afectiva propone nuevamente un ascenso a través de diferentes niveles de complejidad donde comenzando por la recepción de la información, esta es gestionada emocionalmente y desencadena un feedback o respuesta a ese acceso en donde el alumno ha analizado, organizado y sintetizando la información que devuelve.
Estrategias como el ​pensamiento visual o las rutinas de pensamiento ​ponen de manifiesto cómo actúa esta dimensión afectiva y cognitiva de una manera clara y por tanto se propone como opción para integrar dentro del aula y facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En tercer lugar, la ​dimensión psicomotora va directamente enfocada al cambio de destrezas, habilidades o conductas que junto con las anteriores permiten el progreso del estudiante. Estrategias activas como la ​gamificación permiten el visionado de ese ascenso de niveles cognitivos, afectivos y psicomotores a partir de la motivación a la acción en distintos ámbitos.

Sería interesante comprender la manera en que nuestro cerebro interpreta la información que recibe y atender a aspectos que la ​neurodidáctica empieza a desvelar para mejorar los procesos de aprendizaje y lograr el tan ansiado aprendizaje significativo.

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